La doctora Odile Fernández publica nuevo libro, sobre la relación de la enfermedad con la comida

 

 

La Organización Mundial de la Salud establece que un tercio de los casos de cáncer podrían prevenirse. 

 

Según la OMS, una dieta equilibrada con mucha presencia de frutas y verduras reduce el riesgo de contraer algunos tipos de la enfermedad. De la fusión de la cocina tradicional japonesa, la mediterránea y la india surgen las recetas que la médica de familia y superviviente de cáncer Odile Fernández reúne en su último libro Mis recetas de cocina anticáncer. Se trata de platos “cargados de nutrientes y fitoquímicos anticáncer”, señala, que ella misma cocina en casa: desde col rellena de setas a crepes de espelta; pastelitos de coco, zanahoria y calabacín; morcilla vegana o gominolas de mora.



Dejémoslo claro desde el principio: son recomendaciones saludables para toda la familia, no son una dieta milagro, ni tampoco garantizan que no vayamos a contraer esa u otras enfermedades. “Ni siguiéndola nos aseguramos de que no lo vamos a padecer”, dice la doctora, “aunque sí nos ayudará a cocinar más sano, experimentar con alimentos y contribuir a la prevención no sólo del  cáncer sino también de la obesidad, diabetes o enfermedades cardiovasculares”.



Fernández, de 35 años, superó un cáncer de ovarios cuando los oncólogos estimaban que sólo tenía el 5 por ciento de posibilidades de curación y, contra todo pronóstico, quedó embarazada de un bebé, su segundo hijo, que ahora tiene 14 meses. Como tantos otros enfermos, ya embarcada en un tratamiento de quimioterapia preguntó a los oncólogos qué comer y qué medidas tomar para combatir por su cuenta la enfermedad. De su negativa a aceptar la respuesta del equipo que le atendía –"no hagas nada y come todo lo que te apetezca", vinieron a decir– nació su primer libro, Mis recetas anticáncer,  del que se han vendido 50.000 ejemplares en 11 ediciones.

“La evidencia científica está ahí”, sostiene Fernández, que acompañó su primer libro de una extensa bibliografía, con cientos de referencias a investigaciones recientes. “El cáncer es una enfermedad que en cierta medida y en algunos casos se puede prevenir, y cada día aparecen nuevos estudios que hablan del poder de la alimentación durante el tratamiento del cáncer”. No sólo es importante estar bien nutrido para que el tratamiento sea efectivo, señala, la alimentación ayuda a tolerar los efectos secundarios y potenciar los tratamientos. “En los hospitales más prestigiosos de EEUU ofrecen el servicio de asesoramiento a la nutrición a los pacientes oncológicos”, señala Fernández.



La autora aboga por recuperar la dieta mediterránea tradicional, que poco tiene que ver con la que seguimos en este país. “Estamos en el mediterráneo, pero no hacemos una dieta mediterránea, que supondría consumir menos carne roja a favor del pescado, legumbres integrales, aromáticas, frutos secos…”. En esta sociedad donde es tan fácil recurrir a la comida preparada, dice Fernández, es la industria alimentaria la que marca las pautas de nuestra alimentación. “Lo hace presentando la comida de forma atractiva, prometiéndote una comida sana pero que tras la etiqueta esconde azúcares, aditivos o grasas hidrogenadas”.

 

 

La dieta Okinawa, una isla situada al sur de Japón donde viven los habitantes más longevos del planeta, basa la alimentación en vegetales frescos, algas, arroz, semillas, pescado azul crudo, productos fermentados de la soja y determinadas setas, un ingrediente estrella ya que, según Fernández, permite que la quimioterapia se tolere mejor, razón por la cual algunos oncólogos lo utilizan como suplemento alimentario en Japón. La carne y la leche brillan por su ausencia.

 

 

 


 

 

El tercer pilar es la cocina india. Este es el país asiático con menor tasa de cáncer. Gran parte de la población es vegetariana, y el consumo de carne es reducido. Se come arroz casi a diario junto con abundantes legumbres. Entre todas las especias destaca la cúrcuma, “la especia anticáncer por excelencia”.

 



“Si atendemos a la clara relación que hay entre lo que comemos y cómo enfermamos”, resume la médica, “y tomamos conciencia de lo importante que es el acto de comer y preparar nuestras comidas para mantener nuestra salud, podremos realizar la transición hacia este nuevo estilo de vida con decisión”.

 

 


Por dónde empezar:

– Abandonar los alimentos precocinados, azucarados y refinados, así como las grasas trans y las saturadas (margarina, carne grasa, aceites refinados).

– Reducir los lácteos, las carnes rojas y los embutidos.

– Introducir abundantes verduras y frutas.

– Dar prioridad a los cereales integrales y las legumbres en forma de guisos y potajes.

– Reducir al máximo las frituras y las barbacoas. Empezar a cocinar a fuego lento y al vapor.

– Sustituir la bollería y la pastelería industrial por platos dulces preparados en casa con harinas integrales, grasas saludables y sin utilizar azúcar.

– Las técnicas de procesamiento de los alimentos son muy importantes. Es recomendable utilizar métodos de cocción suaves; cocinar a fuego lento y al vapor y dar prioridad a los alimentos crudos y vivos. Descartar el teflón y los plásticos.

– 10 alimentos favoritos: cúrcuma, semilla de lino, tomate, frutos rojos, uva negra, brócoli, coliflor, aceite de oliva, té verde, cítricos.

Fuente. El PAIS