Según el Codex Alimentarius como fibra se consideran todos los carbohidratos con un grado de polimerización mayor a tres, resistentes a la digestión enzimática y no absorbidos en el intestino delgado.

Esto quiere decir que la fibra es una sustancia compleja que comemos pero que no nos aporta energía, a priori esto puede parecer extraño pero tiene su explicación.

 

 Fibra

 

Aunque la fibra no nos aporte energía es necesaria en nuestro organismo por otras propiedades:

Promoción de la saciedad y reducción del consumo de calorías, esto nos lleva a una disminución de peso.

Regulación de la función del tracto intestinal.

Fortalece el sistema inmune y actúa como una barrera intestinal impidiendo la entrada de otros microorganismos que nos harían enfermar.

Reducción del colesterol sanguíneo, al quedar atrapado en la red que forma la fibra quedando no digerible.

Atenuación de glucosa en sangre. Al retrasar la digestión de los hidratos de carbono. Esto es ideal para diabéticos y personas con riesgo de serlo.

Prevención frente al cáncer, ya que atrapa en su estructura sustancias pro cancerígenas y evitamos que pasen a nuestro organismo al expulsarlas en las heces.

 

 ¿Pero qué características de la fibra hace que sea tan importante ? 

Formación de soluciones viscosas. Esta propiedad nos ayuda a tener digestiones más pausadas y evita que se absorban algunos nutrientes de la dieta como las grasas.

Retención de agua en el intestino. Esto nos ayuda a regular el pH del estómago.

Retención de compuestos orgánicos. Impiden que se absorban grasas al quedar atrapadas en la red de fibra. También retiene compuestos carcinogénicos, reduciendo la probabilidad de padecer cáncer.

Capacidad de fermentación. Al no poder digerirla en el estómago la fibra pasa intacta al intestino, donde será el sustrato perfecto para que nuestra flora intestinal crezca y nos proteja de infecciones y otras enfermedades.

 

La fibra tiene numerosos aspectos positivos pero actualmente la población no consume la cantidad de fibra necesaria.